domingo, 28 de agosto de 2011

Meningitis cómo detectarla

Cuando no es tratada a tiempo | puede dejar graves secuelas y en casos extremos puede provocar la muerte. Una vacuna puede prevenir una de las bacterias que la causa.

La meningitis es una enfermedad que por la ambigüedad de sus síntomas, sobre todo a un principio, puede ser difícil de detecta. Sin embargo, existen ciertos signos característicos como fiebre alta, rigidez en el cuello, sensibilidad a la luz y dolor de cabeza que dan la alerta.


En lactantes puede ser aún más difícil de descubrir por la complejidad de los síntomas y porque el bebé no expresa lo que siente. De igual forma, existen ciertos signos que pueden dar una pauta, como por ejemplo irritabilidad, falta de apetito o mucho sueño. En casos más severos se pueden presentar vómitos explosivos y hasta convulsiones.


Lo recomendable es que cuando su niño(a) presente fiebre o algunos de los síntomas mencionados, acuda a un especialista. En caso de que el médico sospeche de que se trata de una meningitis, solicitará una punción lumbar para confirmar el diagnóstico.


“Es un campo complicado por los síntomas, pero también se debe saber que no todo niño con fiebre va a hacer meningitis. Sin embargo, si el especialista tiene la sospecha después de realizar una historia clínica completa del paciente, debe solicitar la punción lumbar. Lamentablemente debido a la falta de información se tiene miedo a esta punción, pero no hay motivos reales para ello; además, es la única forma de obtener un diagnóstico certero”, dice Manuel Monrroy, médico pediatra y especialista en cuidados intensivos de MEDICORP y Director Académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Mayor de San Simón.


Una vez que se realiza la punción lumbar se hace un cultivo del líquido cefalorraquídeo para obtener el agente causal. Este examen además permite conocer la sensibilidad antibiótica del paciente.

¿QUÉ ES LA MENINGITIS?

La meningitis es la invasión de una bacteria a nivel de los tejidos que revisten el cerebro, que se llaman meninges. Cuando una bacteria invade, se produce la inflamación. Se trata de una infección que causa una serie de fenómenos como acumulación de líquidos, formación de pus y en algún momento puede afectar al cerebro; a esto se llama meningoencefalitis, explica Monrroy.


Si la meningitis no es tratada a tiempo, independientemente de las secuelas que puede dejar que van desde sordera, hidrocefalia y epilepsia, entre otras, puede causar la muerte.


Las bacterias que la causan están en el ambiente. Las más frecuentes son: la Haemophilus influenzae que se vacuna en nuestro país desde hace varios años, por lo que los casos de meningitis causados por esta bacteria, han disminuido.


La otra bacteria que causa esta enfermedad es el neumococo que puede causar desde infección de oídos (otitis), sinusitis y neumonía, entre otras. Por ello, ante la presencia de dolor de oídos en niños o bebés, se debe acudir al médico.


Un niño puede tener otitis media pero no necesariamente quiere decir que pueda hacer meningitis, pero si no se trata y supura, y continúa la fiebre, puede darse porque la continuidad de estos tejidos es muy próxima al cerebro. Generalmente, las otitis son bacterianas por lo que se las debe tratar.


“En cuanto al neumococo, a nivel mundial ya se cuenta con una vacuna que lamentablemente en Bolivia aún no tenemos. Tengo entendido que se estaban haciendo las gestiones para que llegue y en realidad es esencial contar con ella porque de lo contrario tenemos una población desprotegida.

En Bolivia contamos con otra para el neumococo, pero se trata de una polivalente que sólo está reservada a pacientes especiales porque tiene reacciones muy intensas”, dice el especialista.


Por otro lado, también existen la meningitis de origen viral que pueden ser producidas por diferentes virus como el del herpes o el adenovirus. Estas pueden causar también una inflamación pero no sólo a nivel de la meninge sino a nivel del encéfalo, es decir del cerebro. Éstas, que causan problemas motrices o sensitivos, son más difíciles de curar y pueden dejar un daño cerebral permanente.

TRATAMIENTO

La meningitis bacteriana se trata con antibiótico. Cuando se trata la de origen viral sólo se puede tratar la del herpes (con aciclovir) y unas cuantas más, pero la mayoría de las afecciones virales no tienen tratamiento específico porque no hay ningún medicamento que elimine el virus.


“Es el organismo el que debe recuperarse, pero en estos casos se da un tratamiento de sostén como prevenir las convulsiones o si es necesario se da oxigeno al paciente, además de cuidar en general el estado de su salud. En ambos casos (la meningitis viral o bacteriana) pueden dejar importantes secuelas”, dice Monrroy.


En cuanto a la bacteriana la experiencia clínica es muy importante, pero se debe saber que en el tema de resfríos, nueve de cada diez son virales, por lo general, por lo que no todos deben recibir antibiótico, sino se cometería un gran error porque se crearía una gran resistencia comunitaria.


Aunque cualquier persona puede contraer meningitis, es una enfermedad especialmente frecuente en niños especialmente de menos de dos años.

Alerta!

Importantes recomendaciones

Las vías y formas de contagio son variables, pero por lo general puede darse por mano, boca o a través de gotas, por lo tanto es fundamental tener muy en cuenta la higiene en especial cuando se trata de niños y lactantes.


Se recomienda lavar las manos con frecuencia y en el caso de los comedores en escuelas y jardines infantiles es importante que no se compartan vasos e utensilios, y evitar que los niños compartan caramelos, chupetes, etc. Igualmente es aconsejable ventilar los ambientes y limpiar muy bien los baños.


Los niños están expuestos en las guarderías, kínders y colegios porque lamentablemente algunos padres envían a sus hijos enfermos.
“Lo ideal es que ante un resfrío por muy leve que sea o un decaimiento el niño no asista a su escuela o jardín infantil”, recomienda el especialista.


El diagnóstico precoz y la derivación oportuna brindan cada vez más posibilidades de curación con menos secuelas.

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