jueves, 6 de diciembre de 2012

Miles de cruceños usan un veneno para curarse la artritis

Los experimentos que Gunther Holzmann (1912-2001) hizo con su cuerpo ya rindieron frutos. Este bioquímico alemán, que desde 1954 se afincó en Santa Cruz de la Sierra, padecía de artritis. Cuando supo que un insecto conocido como la hormiga de palo santo aliviaba esos dolores, empezó a probar.

Entre diciembre de 1972 y mayo de 1974, todos los días, él y 21 pacientes soportaron las picaduras. Sus hijas ayudaban a recolectar los insectos, utilizando las trampas que inventó.



Pruebas en EEUU

Los antiguos romanos sabían que el veneno de abeja actuaba como un antinflamatorio. En 1933 se publicaron las primeras investigaciones sobre el tratamiento de la artritis con abejas, que no fue efectivo.

Era diferente el caso con el veneno de la hormiga de palo santo (Pseudomyrmex triplarinus). Se hicieron pruebas en República Dominicana y el departamento de Inmunología de la Universidad de Miami siguió investigando. Se concentraron en un polisacárido del veneno, que es el principio activo (la sustancia que cura).

Las pruebas continuaron hasta la década de los 80, con la publicación de los ensayos en humanos: el entumecimiento matinal disminuía un 78%, la fuerza para agarrar objetos aumentó 22% y la inflamación, de 19% de los casos, bajó a 3%. Fue el espaldarazo definitivo. El beneficio ha llegado a unas 10.000 personas. Se está trabajando para empezar a exportar el tratamiento



QUISIERON COMPRAR Y ANULAR LA PATENTE

Un gigante farmacéutico quiso comprar la patente del polisacárido que cura la artritis reumatoide. Ofreció a Gunther Holzmann (foto) una tentadora suma con varios ceros. La intención de ese laboratorio no era masificar la venta del producto, sino archivar la patente, puesto que su medicamento para la artritis era el sexto más vendido de su lista.

La intención molestó a Holzmann, que decidió no vender la patente, para poder ayudar al 6% de la población mundial, que padece este problema. “Algún día los que sufren de estos dolores me van a agradecer”, comentó. En ese 6% está Valeria Bergaretche (41), que vive en Argentina y sufría de dolores insoportables. Recibió las seis dosis del extracto de Pseudomyrmex triplarinus (EPT) y sus dolencias desaparecieron. Edmundo Medina (48) enfermó a los 35 años. Se aplicó el EPT hace una década y al año siguiente volvió a hacerlo. Hoy puede caminar. Las articulaciones no le duelen.


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