lunes, 7 de octubre de 2013

Cabezazos y lesiones cerebrales

El fútbol es el más popular de los deportes y uno de los que expresa de mejor manera la habilidad de los deportistas dentro del campo de juego, pero no todo es tan espectacular. El fútbol, como la mayoría de las cosas en la vida, tiene su lado bueno y también el malo.

CABEZAZOS

El golpe a la pelota con la cabeza, el cabezazo, es una de sus características más notables, este movimiento sincronizado en tiempo, distancia y altura, permite a los futbolistas dar continuidad al juego y lograr un determinado propósito circunstancial, en una jugada determinada.

Aunque el cabezazo se lo emplea en diferentes sectores de la cancha, es más notorio y recurrente por parte de los marcadores centrales, para el caso, aquellos que llevan en el dorsal, los números 3 y 5.

Sin embargo, no son pocos los magníficos goles de cabeza para todos los gustos.

DAÑO COLATERAL

Pero los goles de antología con la cabeza o el rechazo de la pelota con energía por parte de los centrales, no son las estrellas de esta nota, sino más bien los efectos colaterales que provoca el choque repetido del balón en la cabeza de los futbolistas.

El médico neurólogo especialista Michael Lipton, del Medical Center Montefiore, el hospital universitario del Albert Einstein College of Medicine, de Chicago, Estados Unidos, efectuó un estudio científico con base en las experiencias de decenas de jugadores de fútbol soccer, quienes presentaban diferentes molestias y dolores en la cabeza.

“Los golpes a la cabeza con los balones de fútbol pueden causar un daño brutal”, explica el científico, con el añadido de que el daño se lo constata a través del tiempo, tras muchos partidos y muchos cabezazos.

Sin embargo, como ocurre en este tipo de investigaciones, otros profesionales no están seguros de afirmar que el cabezazo produce una lesión cerebral.

GRAN VELOCIDAD

Una de las certezas que arroja el estudio de Lipton, es que en un entrenamiento ordinario de un equipo de fútbol, el balón sale disparado a una velocidad promedio de 55 kilómetros por hora.

La velocidad se incrementa de manera considerable en el curso de un partido oficial de competición, porque los planteles contrincantes se juegan puntos, y en las instancias decisivas, el título. Del estudio del médico, participaron 32 futbolistas “cabeceadores frecuentes”. Conclusión: presentaban obvios síntomas de leve lesión cerebral por traumatismo, tal como revelaron las ecografías practicadas.

“Los repetidos cabezazos pueden desatar una cascada de respuestas que conduzcan a una degeneración de las células cerebrales”, dijo Lipton, en la presentación de su estudio ante la Radilogical Society of North América, hace un mes.

La pérdida de capacidad cognitiva, de memoria, y falta de reflejos y reacción ante los impulsos, es un efecto nocivo.

OPINIONES

Luis Montaño

“En todo este tiempo, no atendí un caso así”

“Llevo varios años en el fútbol y no atendí un caso de cualquier jugador que hubiera sido afectado por cabecear el balón”, manifiesta el galeno de Wilstermann, Luis Montaño.

“Sin embargo, es seguro de que en otros deportes de contacto, como en el boxeo, y otros, los rivales salgan afectados, quizá de por vida, por los golpes que recibieron durante su carrera deportiva. De todas maneras, la prevención siempre es buena”, asegura.

Fabián Pacheco

“Posible Alzheimer o mal de Parkinson”

”Evidentemente, cualquier golpe en la cabeza, más aún si es fuerte, puede causar una lesión cerebral.

Puede ser que degenere en la enfermedad de Alzheimer o el mal de Parkinson”, dice el médico deportivo y familiar vinculado a Aurora.

“Si bien el jugador da el golpe a la pelota con la parte frontal de la cabeza, el impacto y la consecuencia, lo recibe la parte posterior. El efecto es acumulativo en el tiempo, sólo con el paso de los años se lo percibe”, agrega.



Jeff astle murió por los cabezazos

Jeff Astle (foto) murió el 19 de enero de 2002, a la edad de 59 años. La autopsia reveló que su deceso se debió a severas lesiones causadas por los cientos de cabezazos que propinó a la pelota durante los más de 20 años que le dedicó al fútbol.

Astle fue ídolo del popular equipo West Bronwich, de Inglaterra, en las décadas de 1960, 1970 y parte de 1980. Su fuerte, su mayor virtud futbolística, residía en los enérgicos y certeros cabezazos frente a la portería rival. En su calidad de delantero, marcó 168 goles durante toda su carrera deportiva, todos para su club, porque en las cuatro oportunidades que fue convocado a la selección de Inglaterra no pudo convertir. En la temporada liguera de 1969-1970 llegó a ser goleador del fútbol inglés, por esta época, West Bromwich, el club de sus amores, salió campeón, debido en buena parte a los goles de cabeza de Astle.

Pero todos los logros futbolísticos no lo salvaron de la muerte, provocada, de manera irónica, por la mayor virtud que tuvo como jugador: los cabezazos, que poco a poco minaron su cerebro, hasta llevarlo al deceso.

Poco antes de su muerte, el exjugador mostró varios problemas cognitivos, falta de coordinación motriz, pérdida de la audición y de la vista, todos dependientes del sistema nervioso central y de las órdenes que imparte el cerebro.

Buena constitución

Astle contaba con un físico privilegiado, medía 1,80 de estatura y complexión robusta, que le permitía atropellar a sus rivales y ganar la mayoría de las pelotas que llegaban al área por arriba, tanto en función de ataque y cuando le tocaba defender.

Tras su muerte, el escáner cerebral mostraba una lesión en la parte frontal del cerebro.

“Es poco probable que hubiera desarrollado un trauma semejante tan joven si no hubiera golpeado el balón repetidamente con la cabeza. Quizá incluso nunca lo hubiera desarrollado”, comentó el doctor forense británico Derek Robson, quien lo trató durante esos años.

Astle no fue el único que manifestó estos síntomas: Bill McPhail, jugador del Celtic, de Escocia, mostraba síntomas de demencia senil a una edad muy temprana, era un recio defensor que dominaba el juego aéreo... a cabezazos.



El límite: 1.000 cabezazos por temporada

Los jugadores que formaron parte del estudio efectuado por el médico Michael Lipton, y que mostraban algún síntoma de un problema cerebral, como dolor de cabeza o mareos, certificaron, de acuerdo a sus cálculos, que dieron alrededor de 1.000 cabezazos en una temporada oficial, con leves diferencias, tomando en cuenta la posición en la que juegan habitualmente en sus equipos.

A partir de esta conclusión, se toma como un parámetro válido la cifra de 1.000 cabezazos, para significar que es la franja de seguridad a la que deben ceñirse los futbolistas y otros deportistas que practican disciplinas de contacto o juego fuerte, que involucra, invariablemente, el uso de la cabeza para golpear.

Se realizaron experimentos científicos, simulando los golpes a la cabeza con el balón. Los voluntarios que más repeticiones realizaron durante la prueba tenían peores resultados en los test posteriores, destinados a medir habilidades cognitivas como la memoria verbal o los tiempos de reacción.

Pero hay objeciones. El Dr Andrew Rutherford, de la Universidad de Keele, EEUU, lleva tiempo realizando una investigación parecida y no lo tiene tan claro. Él afirma que los traumas en la cabeza se deben a los cabezazos que se propinan los jugadores entre ellos cuando están en el aire de manera involuntaria… o voluntaria, que de todo hay.

No hay comentarios:

Publicar un comentario