jueves, 20 de febrero de 2014

La sabiduría de nuestro cuerpo


Todos tenemos en nuestra mente algo llamado: “proceso pensante” y éste va produciendo pensamientos incesantes a lo largo de nuestros días de vida y de acuerdo con la veracidad o falsedad de los mismos, éstos se irán manifestando en nuestra vida.

La manifestación de los pensamientos es constante en todas las personas de este mundo y, en general, no usamos nuestro control consciente de ese proceso pensante y en cambio, vivimos con el piloto automático instalado sin tener el menor control ni la menor conciencia de lo que vamos pensando a lo largo de nuestra vida, sin darnos cuenta de que los pensamientos son causas y las circunstancias externas, son efectos.

Nuestros pensamientos también afectan a nuestro cuerpo, a su funcionamiento, a su apariencia, a su felicidad o a su infelicidad y cuando aprendemos a darnos cuenta de que podemos controlar consciente y voluntariamente nuestro proceso pensante, comenzamos a ejercer de inmediato dicho poder con la repetición de algunos pensamientos que queremos que se manifiesten en nuestra vida y en nuestra experiencia personal.

Existen varios pensamientos que no están en nuestro campo consciente y actúan desde las profundidades de nuestra mente subconsciente.

Éstos deben ser traídos hasta la luz de la conciencia para que puedan ser examinados y decidir si son constructivos o destructivos y hacer algo en cualquiera de los dos casos en que podamos ir detectando la calidad de los pensamientos que pensamos en lo profundo de nuestra mente.

Cuando nuestro cuerpo está en perfecta salud nos está diciendo que nuestro proceso pensante está en perfectas condiciones; en cambio, si nuestro cuerpo, en su lenguaje peculiar de sensaciones, nos está diciendo que está incómodo, que está molesto porque está lleno de dolores, nos está mostrando que nuestro proceso pensante debe ser tratado o corregido de alguna manera.

La sabiduría de nuestro cuerpo va más allá de nuestra lógica consciente que no tiene la capacidad de ayudarse a sí misma, pues una computadora llena de datos negativos, no puede producir resultados positivos.

Al hacer un ejercicio de regresión liberamos los programas negativos que están afectando a nuestro cuerpo y el resultado se aprecia como una sensación de alegría, de paz o simplemente de bienestar interior.

En alguna ocasión en la que la esposa de un amigo estaba convencida de que su marido era el malo y por causa ella vivía en constante estado de mal humor y de desagrado; esta amiga, con su propio razonamiento, no podía darse cuenta de que se estaba envenenando con sus propios pensamientos negativos, con sus propios resentimientos y rencores, y que mentalmente vivía en el pasado, sin darse cuenta de que en el presente estaba echando a perder más y más su matrimonio.

Con este pequeño ejemplo podemos ver que la lógica personal no basta para darse cuenta de lo que uno está haciendo realmente con sus pensamientos negativos y con su irresponsabilidad de no vigilar y de no generar pensamientos positivos por cuenta propia.

A esta amiga le enseñé a realizar sus propios ejercicios de regresión y cuando empezó a vaciar los programas negativos inconscientes, que la estaban deprimiendo, comenzó a vivir en tiempo presente, comenzó a sentir la alegría de vivir en el aquí y en el ahora, sabiendo que podía pensar por cuenta propia afirmaciones positivas, amorosas, estimulantes y creativas y realmente logró salvar su matrimonio y su relación más preciada, aparte de su relación con el Ser Universal.

Palabras del autor: “Si el cuerpo le pide descansar, descanse y las cosas irán mejor de esa manera”.

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