miércoles, 6 de abril de 2016

Píldora masculina, ¿confiaría la mujer en ella?

No se sabe cuándo llegará la píldora masculina, ni siquiera si alguno de los proyectos en ciernes llegará por fin a cuajar. Mientras los científicos hacen cabriolas para dar con esa pastilla perfecta que agrade al hombre y en la que confíen los laboratorios, las parejas han iniciado un debate, temprano pero ineludible: ¿Quién tomaría la píldora anticonceptiva, él o ella? ¿Cuántas mujeres delegarían en el hombre el control de la concepción?

Si nos fijamos en los resultados de una encuesta realizada en la Universidad de Teesside, Reino Unido, tendremos que pensar que a la mayoría de la población femenina le costaría confiar en sus parejas tal responsabilidad. La preocupación de si tomaron la pastilla en la dosis exacta y en el momento preciso les traería de cabeza. Podríamos también indagar a nuestro alrededor, tal y como ha hecho la doctora Carmen Menéndez, jefa del departamento de Salud de la Mujer del Instituto Palacios. Preguntó en su entorno y la respuesta mayoritaria, tanto en hombres como en mujeres, fue también negativa.

Ella aporta, además, un criterio profesional que le lleva a hacer tres reflexiones.

Filosóficamente, sería ideal la corresponsabilidad. Podría considerarse un buen avance en la igualdad de hombre y mujer, al menos en este asunto, y en el equilibrio de sus relaciones. Pero, poniendo los pies sobre la tierra, es muy complicado que de momento la mujer acepte la píldora masculina. Cualquier alteración, mal uso o descuido tendrían un impacto directo sobre la mujer y sobre su cuerpo.
Habría que educar a los hombres para asumir esta tarea con la seriedad que merece. Mientras tanto, la mujer tiene el derecho y el deber de controlar si quiere o no un embarazo porque es su cuerpo el que va a recibir esa vida.
En sus investigaciones, los científicos tratan de responder a las exigencias o requisitos que debería tener una píldora masculina para que fuese viable. Que actúe con inmediatez. Que no disminuya la libido. Que su impacto en la fertilidad sea reversible. Sin secuelas negativas sobre sus espermatozoides o futuros embriones. Y sin efectos secundarios. Suponiendo que su lista de deseos quedase satisfecha, vendría otra pregunta decisiva: ¿Se sometería el hombre a los controles médicos periódicos y a la planificación que le exigiría la píldora? Quizá, llegado el momento y con tal de evitar mayores quebraderos, optase por continuar con alguno de los métodos que tiene actualmente a su disposición, el preservativo, la vasectomía o, quién sabe, la abstención sexual.

Con estas conjeturas, parece complicado dar con un laboratorio farmacéutico que desarrolle un fármaco eficaz que requiere inversiones millonarias y, según parece, demasiado arriesgadas. ¿Es argumento suficiente para explicar la ausencia de un método anticonceptivo masculino análogo a la píldora de la mujer? El anticonceptivo oral femenino cumple en mayo 56 años. Más de medio siglo y seguimos sin la versión para el varón. Ha habido intentos, propuestas... y también muchos ensayos fallidos.

Hasta ahora, las posibilidades que se barajan en las investigaciones se presentan en forma inyecciones semanales, tal y como plantea Gunda I. Georg, de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos). Aunque en sus estudios ha dado con compuestos que podrían tomarse por vía oral, de momento no ha conseguido librarla de los temidos efectos secundarios. Ha habido también ensayos avanzados con fármacos que bloquean el mecanismo que impide la eyaculación, pero tampoco serían bien recibidos. Otras opciones que esbozan los científicos son parches o geles dérmicos o implantes subdérmicos que se colocarían cada 12 meses.

Uno de los mayores avances se está gestando en la Universidad de Osaka. Allí un grupo de científicos, liderados por Masahito Ikawa, trabaja con una proteína en el esperma, conocida como calcineurina, que, al desactivarla, interrumpiría temporalmente la fertilidad. Al modificar genéticamente a un grupo de ratones para que no generasen calcineurina, el grupo de Osaka comprobó que el número de espermatozoides era inferior y además no podían penetrar en el óvulo.

Hace unas semanas la Sociedad Americana de Química (ACS) presentó en su reunión anual la propuesta de Gunda I. Georg, pero él mismo reconoció que el listón de exigencias que plantea la píldora masculina es demasiado alto para lograr que salga al mercado en los próximos años, aunque no imposible. De hecho, el científico sigue perfeccionando las estructuras químicas que darían con esa píldora eficaz, aceptable y viable. El desafío es complicado, pero supondría un hito en la igualdad de género.

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