jueves, 26 de mayo de 2011

Orinoterapia, el tratamiento del “agua de la vida”

La orinoterapia nació como una práctica de la medicina alternativa y consiste en beber orina o aplicarla sobre la piel para aliviar una diversidad de enfermedades.

Es un método natural que se basa en el “agua de la vida”. Desde su aparición -hace más de 5.000 años- ha generado polémicas acerca de su validez científica.

Oralia Santos, terapeuta naturista mexicana, explica que “la orinoterapia es un tratamiento complementario que resulta sumamente benéfico, siempre y cuando quien lo lleve a cabo tenga la disposición y la convicción de que es efectivo”.

Según el antropólogo Jorge Laruta, no existe una referencia de cómo los ancestros quechuas y aymaras descubrieron esta terapia. No obstante, afirma que se trata de un conocimiento que fue adquirido mediante la práctica y la necesidad de sanar enfermedades.

Algunos historiadores dan referencia de que en la India se encontró un documento de hace 5.000 años que describe la práctica de la orinoterapia. Más allá de eso, sólo existe la certeza de que este método trascendió por generaciones en todo el mundo.

Dentro y fuera de Bolivia

Como parte de la cultura andina boliviana, la orinoterapia fue utilizada principalmente como un remedio para dolores estomacales, explica el viceministro de Medicina Tradicional e Interculturalidad, Alberto Camaqui Mendoza.

Vicenta Espinoza, de origen aymara, recuerda que en su comunidad también se hacía uso de la orina para bajar la temperatura, fortalecer el cuero cabelludo y para sanar dolencias en la piel.

En China, la orina de niños es considerada curativa y sirve para proteger su piel. Los franceses, en cambio, ponen orina alrededor del cuello para curar de faringitis.

En México los granjeros preparan cataplasma para huesos rotos haciendo que un niño orine en una taza de polvo de maíz quemado. La mezcla es convertida en una pasta y aplicada sobre la piel.

Los aztecas usaban orina para limpiar heridas externas y prevenir infecciones. Además la bebían para sanar problemas estomacales e intestinales.

En la antigua Roma, la orina era usada para blanquear los dientes al igual que durante el Renacimiento, aunque entonces las personas no necesariamente consumían su propia orina.



En caso de tener dolores de estómago, Camaqui recomienda iniciar un tratamiento de una o dos semanas tomando la primera orina de la mañana acompañada de una infusión de plantas medicinales, miel de abeja o jugo de frutas. También aconseja pasar los primeros días en ayunas, pendiente a la reacción que pueda tener el cuerpo.

Félix Layme, docente de cultura aymara, explica que con la orina fermentada o t’amata se lava el cabello para evitar su caída.

Por su parte, el doctor puertorriqueño Joaquín Velázquez Álvarez, explica que para tratar enfermedades o quemaduras en la piel, tumores o artritis se debe aplicar la orina con fomentos o parches sobre la parte afectada.

También se puede aplicar para alergias, masajes para los calambres, las várices y los dolores musculares. Se hacen gárgaras para problemas de garganta o amígdalas y paños para tumores e inflamación de fiebre reumática.

Finalmente, en internet se puede encontrar testimonios de personas que lograron bajar de peso con el consumo regular de su orina, porque “reduce los niveles de colesterol y convierte en agua las grasas retenidas, haciendo que una persona pierda más de 15 kilos en dos meses”.

Riesgos e intervención científica

Además de los beneficios que puede brindar esta terapia alternativa, también puede tener contraindicaciones por lo que es importante considerar el asesoramiento de un especialista, ya que las posibles reacciones son: diarrea, sueño profundo, insomnio, estreñimiento, alergia, picazón, fiebre, inflamación, dolor de muelas, calambres, taquicardia, mareos, secreción vaginal y dolores en el pulmón.

“La orina de una persona contiene componentes de desechos que la sangre filtra y que no sirven al cuerpo”, explica el nefrólogo Gerardo Gosalvez.

Según el especialista, el problema es que este método es aplicado sin hacer pruebas de las condiciones de salud del paciente y eso le puede afectar en caso de tener una infección urinaria.

Desde el punto de vista científico, esta práctica curativa aún no ha sido avalada “por la carencia de argumentos sólidos que prueben sus beneficios”, afirma Gosalvez.

Con todo, esta terapia ancestral no sólo genera polémica, sino también expectativa por parte de aquellos que deciden aplicarla en busca de sanidad de forma económica y natural.

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